ENTREVISTA REVISTA LA DOSIS – Miguel Antonio De Vincenzo: el arduo arte de ser baterista

Para nosotros… aquellos que amamos y trabajamos por la batería y la música en general, siempre es una buena noticia encontrarnos con nuevo material investigativo que nos ayude a construir la historia de nuestro instrumento y sus intérpretes. En esta oportunidad y gracias a la Revista La Dosis traemos una entrevista realizada por Leonardo Bigott a nuestro querido Miguel Antonio De Vicenzo

A continuación la entrevista:

Miguel Antonio De Vincenzo: el arduo arte de ser baterista

En esta fértil pero maltratada tierra colmada de grandes músicos, pareciera hablarse pocas veces de los grandes bateristas. Resulta curioso dar una mirada a ese aspecto de la música local para uno enterarse de la existencia de un importante número de adeptos a este instrumento. A primera vista a uno le surge la banal pregunta de a quién pudiera gustarle tocar un instrumento con tantos accesorios que tan incómodo hace su transporte y por ende pensar que no debe haber muchos. El caraqueño Miguel De Vincenzo, tuvo un inicio tardío, pero su empeño lo conviertió en uno de los grandes.

Leonardo Bigott

Ante tan tonto planteamiento uno da marcha atrás y se encuentra con antecedentes tan remotos como Eduardo Serrano, Edmundo Ros y Germán Suárez a principios del siglo pasado. De pronto uno comienza a recordar a personajes emblemáticos como Francisco Hernández, mejor conocido como “El Pavo Frank” a quien tuve el honor de entrevistar en mi programa “Más a jazz”, o Filemón Monterola B. y de pronto comienzan a fluir nombres como Andrés Briceño, Edgar Saume, Iván Velásquez, Nelson Sardá, Wilmer “Willy” Díaz, Aarón Serfaty, Pablo Matarasso y más recientemente Adolfo Herrera, Simón Hernández, José “Tipo” Núñez, Orestes Gómez, Abelardo Bolaño y Daniel Prim, entre otros de alto nivel. En ese importante y nutrido grupo se encuentra también Miguel De Vincenzo, quien es la constante rítmica detrás de Biella Da Costa, una de las cantantes de jazz más importante del país y posiblemente del continente.

A lo largo de su carrera Miguel ha tocado con diversas bandas y personalidades que incluyen a Alberto Lazo, Alberto Barnet, Antonio Mazzei, Douglas Méndez, Jesús Toro, Jorge Spiteri, Julio Mendoza, Luca Vincenzetti, Ofelia Del Rosal, Prisca Dávila, La Banda Casablanca, Caracas Dixieland y con varias agrupaciones de música bailable, además de haber participado como músico de sesión en grabaciones para diversos artistas del medio musical contemporáneo como Los Cuñaos, Martes 8:30, Sandino Primera y Elvia Sánchez, entre muchos otros. Su historia discográfica incluye Cañón Contigo Volumen 2 (1998) de Cañón Contigo; Música Cañonera (2002); Emmil (Demo) (2002); Sincretismo de Martes 8:30 (2008); Instituto Metropolitano del Patrimonio Cultural de Caracas Alcaldía Mayor (2011); Samuel Nexans (2011) Los Cuñao´s Siempre (2012); Claudia Santos En Vivo – Tributo a Amy Winehouse (2013); Trío Aldemaro Romero, Tribute to the Maestro (2014); y Mía De Pool, Colores de mi Tierra (2015)

Miguel nació en Caracas el 2 de septiembre de 1963. Hijo de dos inmigrantes italianos, Miguel comenzó a estudiar batería a principios de los 80 con José Antonio Mato al mismo tiempo que tomaba cursos de percusión con Orlando Poleo y de timbal con Alberto Borregales. Si bien Miguel se inició tarde en la música, pudo lidiar en paralelo con la arquitectura y salir airoso en ambas, ejerciendo actualmente tanto en una como en la otra. Al inicio, su historia tiene ese amargo sabor que es frecuente en la vida de cualquier músico donde con cierta regularidad, anhelo y frustración son parte de un mismo coctel pero donde el músico por vocación va poco a poco labrando un camino que lentamente va trayendo sus gratificaciones. En 1989, el reconocido baterista Gustavo Calle fue una de las piedras angulares en la formación de Miguel quien hoy amplía su historia en el difícil arte de ser baterista en un país que sigue siendo limitado para quienes desean iniciarse en este atractivo y voluptuoso instrumento.

¿Cuándo y cómo iniciaste en la música?

Mis primeras experiencias con la música comenzaron cuando era niño, gracias a mi hermano. Sin embargo, mi formación como músico comenzó cuando yo tenía 19 años e iniciaba mis estudios de arquitectura en la Universidad Simón Bolívar. Debo decir que previo a aquel año era muy difícil estudiar música debido a la falta de profesores e instituciones.

¿Qué escuchabas en esos tiempos?

Oía a Count Basie, Lionel Hampton, Erroll Garner y Oscar Peterson. Era lo que se conseguía en las tiendas en formatos de LP y cassette. Yo tan sólo podía tener un reproductor de cassette y eso era lo que se conseguía. Aunque empecé oyendo los clásicos del jazz a los 10 años, no sabía de los grandes bateristas excepto Buddy Rich y Gene Krupa.

¿Ya tenías inclinación por el instrumento?

Yo estudiaba en el colegio San Antonio de la Florida donde había un grupo de rock y fue allí donde me atrajo el sonido de la batería.

¿Qué influencias hubo en esos primeros años?

Ya cuando pude comprar un tocadiscos, empecé a comprar discos de Louie Bellson uno de los tres grandes bateristas de todos los tiempos, junto a Krupa y Rich, y pionero en el uso del doble bombo.

¿Cuándo decidiste estudiar batería?

Fue realmente un camino lleno de obstáculos. Recordando un poco, no tenía muchas opciones. En los conservatorios daban percusión clásica y no era lo que quería aunque intentaban persuadirme que era apropiado para comenzar. Luego vi un anuncio de prensa donde ofrecían clases de batería. Mi hermano quería estudiar flauta. Así que ambos fuimos al lugar del anuncio pero salimos sin respuestas definitivas. Mi padre se enteraría, el día después, que era muy costoso.

¿Desististe?

Al tiempo, papá consiguió un aviso donde ofrecían clases de batería en un lugar llamado Casa Guayana en La Florida. Me inscribió y quedaron en avisar. Al mes, nos enteramos que la escuela había cerrado por falta de quórum. Fue finalmente en la USB donde vi la oportunidad, ya que había una vacante para baterista. Yo no tenía batería y la universidad no podía comprar una por razones presupuestarias. Así que pedí un préstamo a mamá y comencé a tomar clases en la escuela Musiyama con José Antonio Mato profesor de grandes bateristas como Augusto León, Andrés Briceño e Iván Velázquez. Así entraría en la agrupación de la universidad que dirigía Albert Hernández. También estudié con Ed Calle, y teoría y solfeo en la escuela Lino Gallardo.

¿Profesionalmente, cuándo inicias?

Allí en la USB con la agrupación Grupo Instrumental y Voces de la Universidad Simón Bolívar. Con ella fuimos a USA en 1993 para una gira de conciertos por Tennessee donde asistí a talleres, clínicas y “jam sessions” en Middle Tennessee State University, bajo la tutela de Gerardo Dávila. En esa agrupación tocábamos música venezolana y tuvimos también una aparición en el extinto Canal 5.

Imagino que el hecho de ser arquitecto influye en tu estilo. ¿Sientes que ya has definido tu modo de tocar?

Claro que sí influye. Mucha gente me reconoce por mi sutileza y mis detalles. Yo suelo dar vital importancia al groove y la dinámica. Frecuentemente debo tocar a bajo volumen, en muchos casos por exigencia de los locales donde toco como es el caso del restaurant Hemingway del Centro Lido e incluso rock ‘n’ roll. Mucho sobre la dinámica lo aprendí con Gustavo Calle. Incluso estudiaba libros sobre ello.

¿Sientes que hay una responsabilidad con el oyente, digamos con el jazz?

Sí, sobre todo por la improvisación porque aunque hay un instrumento solista, el resto de la banda le apoya, lo cual resulta igual de comprometedor seas solista o acompañante. Uno debe escucharse como suena dentro de la banda.

Estuviste en Panamá un tiempo ¿Cómo fue la experiencia?

Sí. Fue en 2015 y fue buena porque compartí con músicos de jazz, además de dictar una clase magistral sobre música venezolana en la Fundación Danilo Pérez.

¿Qué otro hecho marcó tu vida de músico profesional?

Al terminar mis estudios en 1987, trabajaba con la agrupación Cañón Contigo como parte del elenco de La Guacharaca, un local nocturno en Altamira donde se hacía stand up comedy y por el cual pasaron los más grandes humoristas del país. Era música y humor. Esa banda la dirigió Enio Escauriza, quien la fundó con Cristóbal Soto y tenía una relación estrecha con el CONAC (Consejo Nacional de la Cultura), lo cual significó una participación en Expo Sevilla 92 y otra en el Festival del Folklore de Drummondville, Canadá. No había muchos haciendo música cañonera, estaban los legendarios Antaños del Estadio y Los Cañoneros, que salieron simultáneamente con nosotros. Yo grabé en el segundo álbum de Cañón Contigo.

¿De qué hablamos cuando decimos música cañonera?

Es un término de música urbana de Caracas que se hacía con instrumento de banda y que según la historia, al llegar a la retreta, lo hacían con cañones. Era guasa, merengue, joropo y pasodoble, que era lo que se bailaba. Incluye vientos y redoblante.

He escuchado siempre un dilema sobre el merengue caraqueño. ¿Qué dices al respecto y qué es ‘rucaneao’?

Cristóbal Soto decía que es en 5/8 pero para bailarlo debe ser en 2/8 y algo de cierto hay en ello aunque hay quienes tienen ese ‘quebraíto’ cuando lo bailan en 5/8. Sobre lo ‘rucaneao’ es simplemente un modo de mover la cadera al bailar que era considerado vulgar por la alta sociedad previa a los 70, pero es Luis Alfonzo Larraín con el tema “Mételo de ancho” quien logra la aceptación en ese estrato social y lo populariza.

Has estado muy ligado al medio de la música bailable pero también al jazz. ¿Cómo llegas al emblemático Juan Sebastián Bar?

Bueno, sí. Yo estuve trabajando desde 2003 con Diveana, pero ya tocaba en locales nocturnos también. Toqué en el Aventura Caracas Hotel con mi cuarteto de jazz. Allí tocaba también el conocido grupo Café Brasil. Ya a finales de los 80 con el boom del jazz tocaba con Alfredo Naranjo, Víctor Cuica y Junior Romero, entre otros. Alfredo insistía en que tocara en Juan Sebastián Bar donde se presentaba el bajista Gerardo Chacón, así que fui y a Gerardo le gustó como tocaba. Luego, uno de los que trabajaba allí se fue a un restaurant de un hotel en Bello Monte y en él toqué con un proyecto donde Junior Romero tocaba el piano y Gerardo el bajo. Teníamos de invitados a músicos legendarios como Víctor Cuica y el Gallo Velázquez.

Eres una constante en la banda de Biella Da Costa. ¿Cómo llegaste a ella?

Llegué a través de una recomendación del guitarrista Gustavo Carucí. Ha sido una experiencia única donde la lealtad ha sido un factor importante. Hemos estado en España, Uruguay, República Dominicana y Rusia. Además de Biella también estoy tocando con la banda de Oscar Colina, La Banda de Casablanca y la banda de blues Blackoffee.

Proyecto Aldemaro Romero Trío…

¡Sí! Es una idea en la cual Gustavo Carucí, el pianista Pedro López y yo rendimos un tributo a este gran compositor venezolano. En septiembre de 2013 fue el concierto inaugural con María Rivas y una grabación realizada a contra reloj para una gira por cuatro ciudades japonesas.

Retornando a los inicios ¿Cuál fue tu primera batería y qué usas ahora?

Mi primera batería fue una Pearl muy vieja. Dependiendo de la situación y el contexto musical, configuro el set que vaya a usar. Dispongo de 4 sets de baterías. La configuración que más uso es el set BeBop de jazz típico, es decir, bombo de 18 pulgadas, tom de 10 ó 12 pulgadas y “tom o floor tom” de 14 pulgadas. Redoblante de 14 pulgadas:

Gretsch USA Custom (Vintage) construida a finales de los 70.
Mapex Saturn Fusion Set.
Mapex Pro M, Micro.
Mapex Meridian, Manhattan Bop Kit.

¿Qué recomendarías a quienes inician en este arte e instrumento?

Amarla y sentir verdadera pasión por ella, mantener una buena disciplina y escuchar toda la música que tengan a su alcance (cuantos más géneros, mejor). Si ya han iniciado como aficionado o profesional, busquen las referencias cada vez que haya un nuevo repertorio y hagan la tarea, es decir busquen la bibliografía necesaria y presten atención al time keeping, la resistencia y la dinámica, sobre todo esta última que suele ser menospreciada.

Gracias Antonio.

Fuente: http://revistaladosis.com/miguel-antonio-de-vincenzo-el-arduo-arte-de-ser-baterista/

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